sábado, 5 de noviembre de 2016

EYEDETECT®

El EyeDetect® es un producto concebido en 2002 para detectar el engaño a través del examen óculo-motor de un sujeto. En el año 2002, el profesor John Kircher, reconocido experto en la detección del engaño, y su colega Doug Hacker, un psicólogo especialista en procesos de lectura, se plantearon la posibilidad de detectar la mentira a través de los cambios en el tamaño de la pupila y en el movimiento de los ojos, al leer y contestar un sospechoso a una serie de preguntas sobre el crimen cometido. 


(Imagen facilitada por Converus.Inc)

Específicamente, se plantearon si “los cambios en la carga cognitiva del sujeto podrían afectar al ojo, de tal manera que estos cambios pudieran ser capturados y permitieran detectar el engaño con la misma precisión que el polígrafo”. Entonces, surgió la idea de la detección del engaño a través del examen oculomotor, lo que se convertiría en la tecnología EyeDetect®.

En 2003, los profesores Kircher y Hacker formaron un equipo científico que incluiría a dos científicos expertos en procesos cognitivos, Anne Cook y Dan Woltz. Trabajaron juntos para desarrollar una solución óculo-motriz. En 2009 el Dr. David Raskin se unió al equipo y siguieron mejorando dicha tecnología. Tras dos estudios científicos formales, la tecnología fue lanzada al mercado en abril del 2014.

Actualmente existen más de 300 empresas y organizaciones que emplean EyeDetect® en 22 países, sobre todo para fines de selección de personal (seguridad, policía, justicia) evaluación periódica de empleados, monitoreo de personas en libertad condicional o concesión de visados. El software de EyeDetect está disponible en múltiples idiomas, entre ellos el español, el inglés y el árabe.

Algunos de los estudios científicos en los que se apoya EyeDetect®


Desde los estudios de Hess y Polt (1960) podemos afirmar que se verificó la hipótesis sugerida originalmente por Charles Darwin de que la dilatación de la pupila está relacionada con el miedo y otras emociones. Hess y Polt especularon que los cambios pupilares son mediados por el sistema nervioso simpático (SNS) y que estos podrían utilizarse "tanto cuantitativa  como cualitativamente como una medida de mayor o menor interés y placer por los estímulos visuales" (Hess y Polt, 1960, p. 350). Dichos estudios desataron una intensa actividad de investigación en el estudio del efecto de los estímulos visuales en la dilatación pupilar, aunque la metodología utilizada en muchos casos presentara claras deficiencias.

Pero además del vínculo encontrado entre emoción y dilatación pupilar, Hess y Polt (1964), basándose en los estudios previos de  Bumke de 1911(citado en Hacker, Kuhlman, Kircher, Cook, & Woltz, 2014, pág. 162), encontraron que el esfuerzo cognitivo también se asociaba a la dilatación de la pupila, resultando la respuesta pupilar una valiosa herramienta para el estudio de otros procesos mentales y la resolución de problemas (Hess y Polt, 1964, p. 1192). El descubrimiento de la asociación entre el esfuerzo mental y dilatación pupilar inició una gran cantidad de experimentos que corroboraron que la dilatación de la pupila se asociaba con una mayor dificultad en una amplia variedad de tareas cognitivas (Kahneman y Beatty, 1966; Ahern y Beatty, 1979; Bradshaw, 1968; Schaefer et al., 1968; Just y Carpenter, 1993; Schluroff, 1982; Beatty y Wagoner, 1978; Hyönä et al., 1995, entre otros).


Tras el surgimiento de los modernos rastreadores oculares, que proporcionan medidas continuas de posición de la mirada, así como del tamaño de la pupila, un estudio realizado en 1992 por Baker et al. (citado en Hacker, Kuhlman, Kircher, Cook, & Woltz, 2014, pág 163) allanó el camino para que un destacado grupo de científicos (Hacker, Kuhlman, Kircher, Cook, & Woltz) se iniciara en la investigación sobre las mediciones oculomotoras, obtenidas durante la lectura, para detectar el engaño.

Hoy sabemos que los cambios en el tamaño de la pupila pueden deberse a diversas causas, como los cambios de luz (ajustando el iris la cantidad de luz que entra en el ojo), los cambios en el enfoque (ej. de objetos cercanos y lejanos), como respuesta de sobresalto (el iris se dilata rápidamente cuando una persona está expuesta a ruidos fuertes o rápidos,  o a un contacto físico inesperado), la fatiga (según Hess, 1972, la constricción pupilar correlaciona con la fatiga), la excitación emocional (Hess y Polt, 1960; Partala et al., 2000; Bradley et al., 2008) y la carga cognitiva (las dilataciones pupilares ocurren como una función directa de la intensidad del esfuerzo mental).

Respecto a la carga cognitiva, son muchos los trabajos que han puesto de manifiesto que las respuestas pupilares evocadas por la tarea (TEPR,s) proporcionan un índice psicofisiológico fiable de la carga cognitiva durante el desempeño de una amplia variedad de actividades mentales (recuerdo y transformación de cadenas de dígitos, multiplicación mental, memorización de palabras, procesamiento de letras, etc.). También sabemos que las demandas de procesamiento aumentan cuando la comprensión de la oración se vuelve más difícil y que el aumento de las demandas sobre los recursos para leer textos más complejos, pueden ser mejorados asignando más tiempo a la comprensión (Just & Carpenter, The intensity of dimension of thought: pupillometric indices of sentence processing, 1993). Cuando el texto es difícil de comprender, "el proceso de comprensión puede mantener su velocidad y sacrificar la precisión o sacrificar su velocidad y mantener su precisión"(Just & Carpenter, The intensity of dimension of thought: pupillometric indices of sentence processing, 1993, pág. 334), dependiendo probablemente de si el objetivo es la comprensión del texto o completar la tarea de lectura (Hacker, Kuhlman, Kircher, Cook, & Woltz, 2014, pág. 170).

Por su parte, el parpadeo, además de humedecer el ojo, probablemente cumpla muchas otras funciones como la de regular los flujos de información visual entrantes para facilitar el procesamiento de información (Hacker, Kuhlman, Kircher, Cook, & Woltz, 2014, pág. 171).

La tasa de parpadeo, por su parte, se ha asociado con variables como el nerviosismo, el estrés, la fatiga y los estados de ánimo. En general, los estados de ánimo agradables se asocian con menores tasas de parpadeo, mientras que los estados de ánimo desagradables se asocian con mayores tasas de parpadeo (Tecce, 1992). Por su parte, Andreassi (1973) y Bauer et al. (1985) demostraron que los parpadeos responden a las demandas cognitivas, en el sentido de que los parpadeos se inhiben bajo altas demandas cognitivas y aumentan cuando las demandas son bajas. También sabemos que el parpadeo puede interferir potencialmente con las medidas pupilométricas de la dilatación pupilar asociada a la carga cognitiva (Fukuda, Stern, Brown, & Russo, 2005). En este sentido, el cierre del párpado reduce la cantidad de luz que entra en el ojo, poniendo momentáneamente el iris en la oscuridad, por lo que la pupila debe dilatarse con el cierre del párpado y contraerse con la apertura del mismo, ya que la retina se inunda de luz.

Los estudios de Siegle et al.(2008), pusieron de manifiesto que la dilatación pupilar y el parpadeo pueden ser medidas complementarias del procesamiento de la información, en el sentido de que los parpadeos nos proporcionan valiosa información sobre inicio y fin del procesamiento de la información, mientras que la dilatación pupilar lo hace sobre la carga cognitiva. Estos autores demostraron que el parpadeo se pronuncia justo antes de la máxima carga cognitiva, se inhibe a medida que la dilatación pupilar aumenta con el máximo rendimiento y se hace más pronunciado de nuevo después de esa carga cognitiva máxima. Así estos autores concluyeron en su estudio que la tasa de parpadeo, junto a la dilatación pupilar, “pueden proporcionar una validez convergente para las explicaciones que implican el tiempo transcurrido de la carga cognitiva desde la preparación, inicio de la carga, procesamiento máximo y desplazamiento o recuperación de la carga cognitiva" (Siegle, Ichikawa, & Steinhauer, 2008, pág. 686).

También existe una amplia investigación que pone de manifiesto que mentir es, desde el punto de vista de la carga cognitiva, más exigente que decir la verdad (Lubow & Fein, 1996; Seymour, Seifert, Shafto, & Mosmann, 2000; Johnson, Barnhardt, & Zhu, 2005; Vendemina, Buzan, & Green, 2005; Walczyk, Roper, Seemann, & Humphrey, 2003; Vrij, Mann, Kristen, & Fisher, 2007; Vrij A. , 2008; Vrij, y otros, 2009; Walczyk, Mahoney, Doverspike, & Griffith-Ross, 2009).


Respecto a los estudios de los movimientos oculares que ocurren durante la lectura, Just y Carpenter(1987) sostienen que cuando se lee cada palabra, sus atributos semánticos se activan inmediatamente, es decir, que el lector interpreta inmediatamente el significado de la palabra. También sostienen que las fijaciones que efectúa un individuo durante la lectura, cuando estas se acercan a 1000 ms, indican  que el lector puede tener dificultad para entender la palabra o identificar sus múltiples significados, o que el le da mayor relevancia a esa palabra. Durante la lectura normal, con el movimiento predominante de izquierda a derecha de los ojos, la lectura procede a través de un patrón que incluye los ojos fijados primero en una colección de caracteres o espacios, seguidos de movimientos rápidos, llamados sacudidas, a la siguiente colección de caracteres o espacios (Hacker, Kuhlman, Kircher, Cook, & Woltz, 2014, pág. 175). En general, con el aumento de la longitud de la palabra, aumenta la probabilidad de fijar una palabra. Además, a medida que aumenta la dificultad conceptual de un texto, aumenta el número y la duración de las fijaciones, disminuye la longitud de la sacudida y aumenta la frecuencia de las regresiones, es decir, de sacudidas hacia atrás (Hacker, Kuhlman, Kircher, Cook, & Woltz, 2014, pág. 176).

Supuestos teóricos en los que fundamenta su tecnología

Uno de los supuestos fundamentales es que mentir provoca sutiles cambios en el comportamiento ocular humano debido a la carga cognitiva que se genera al mentir. Ese mayor esfuerzo cognitivo producirá determinados efectos en el comportamiento ocular, produciéndose dilatación pupilar, aumento del tiempo de lectura y relectura y disminución de la tasa de parpadeo. No obstante, el engaño también evocará una respuesta emocional con efectos en la dilatación pupilar y en otras respuestas fisiológicas, como hemos mencionado.


Funcionamiento de EyeDetect®

EyeDetect® utiliza un sensor rastreador de ojos de alta velocidad (eyetracker) para medir los cambios que se producen en el comportamiento ocular (toma 60 medidas por segundo, principalmente dilatación pupilar, tasa de parpadeo y fijaciones) mientras que la persona lee sobre la pantalla de un ordenador, y responde con el teclado a preguntas de verdadero o falso.

Después combina estas mediciones de manera matemática para detectar el engaño La prueba dura entre 30 y 40 minutos y los resultados pueden estar listos en unos 5 minutos.

Según diversos estudios de campo, esta tecnología tendría una precisión del 85%, ampliable a casi el 99% cuando se emplea en combinación con el polígrafo.

Cómo se lleva a cabo la prueba
El sujeto que realiza la prueba se sienta frente a un ordenador y coloca su barbilla sobre un reposa-barbilla para fijar su posición. Posteriormente se calibra el rastreador siguiendo el sujeto un punto rojo con sus ojos.


(Imagen facilitada por Converus.Inc)

A continuación, el sujeto responde a las preguntas que aparecen en la pantalla de un ordenador, como “verdadero” o “falso”, mientras que el rastreador de ojos detecta los cambios que se van produciendo en los ojos, tales como el diámetro de la pupila, el parpadeo, la posición de la mirada, etc.
Las respuestas a estas preguntas, junto con los cambios pupilares y los movimientos oculares son capturados con precisión por el escáner óptico y finalmente son encriptados y almacenados de manera segura en un disco duro.

Al término de la prueba, los datos se cargan, de manera segura, desde el disco duro seguro a un servidor en la nube, donde un potente ordenador ejecuta el análisis y genera un informe detallado. En esencia, por medio de una ecuación de regresión logística, EyeDetect calcula la probabilidad de veracidad.
A los pocos minutos, el personal autorizado puede acceder al informe a través de un navegador de Web, o de un dispositivo móvil, para ver las respuestas individuales y las calificaciones de credibilidad de Converus. Esta calificación da la probabilidad de que el individuo sea veraz.

Utilidad del EyeDetect®

Según publica la propia compañía Converus, la mayoría de las empresas de los países donde es legal administrar las pruebas de detección de mentiras en el lugar de trabajo, utilizan EyeDetect® para la selección de candidatos a determinados puestos de trabajo y para el control periódico de sus trabajadores. Citan su idoneidad para la selección de candidatos a puestos del gobierno, policía y funcionarios de prisiones; así como para la depuración de los solicitantes de visado, inmigrantes, delincuentes sexuales en libertad condicional, etc. Como curiosidad, también recomiendan su uso en ámbitos de la seguridad nacional, en concreto para detectar terroristas entre los refugiados sirios.

Trabajos citados

Andreassi, J. L. (1973). Alpha and problem solving: a demonstration. Perceptual and Motor Skills , 36, 905-906.

Bauer, L., Strock, B., Goldstein, R., Stern, J., & Walrath, L. (1985). Auditory discrimination and the eyeblink. Psychophysiology , 22, 629-635.

Bradley, M. T., Micolli, L., Escrig, M. A., & Lang, P. J. (2008). The pupil as a measure of emotional arousal and autonomic activation. Psychophysiology , 45, 602-607.

Bumke, O. (1911). Die Pupillen Störungen, Die Geistes, und Nervenkrankheiten. Jena: Fischer.

Fukuda, K., Stern, J. A., Brown, T. B., & Russo, M. B. (2005). Cognition, blinks, eye-movements, and pupillary movements during performance of a running memory task. Aviation, Space and Environmental Medicine , 76 (7 Suppl.), C75-C85.

Hacker, D. J., Kuhlman, B. B., Kircher, J. C., Cook, A. E., & Woltz, D. J. (2014). Deecting Deception Using Ocular Metrics During Reading. En D. C. Raski, C. R. Honts, & J. C. Kircher, Credibility Assessment: Scientific Research and Aplications (págs. 159-216). Oxford, Reino Unido: Academic Press.

Hess, E. H. (1972). Puppillometrics. En N. S. Greenfield, & R. A. Sterbach, Handbook of Psychophysiology (págs. 491-531). New York: Holt, Rinehart and Winston.

Hess, E. H., & Polt, J. M. (1960). Pupil size as related to interest value of visual stimuli. Science , 132, 349-350.

Hess, E., & Polt, J. M. (1964). Pupil size in relation to mental activity during simple problem-solving. Science , 143, 1190–1192.

Johnson, J. R., Barnhardt, J., & Zhu, J. (2005). Differential effects of practice on the executive processes used for truthful and deceptive responses: an event-related brain potential study. Cognitive Brain Research , 24, 386-404.

Just, M. A., & Carpenter, P. A. (1993). The intensity of dimension of thought: pupillometric indices of sentence processing. Canadian Journal of Experimental Psychology , 47, 310-339.

Lubow, R. E., & Fein, O. (1996). Pupillary size in response to a visual guilty knowledge test: new technique for the detection of deception. Journal of Experimental Psychology Applied , 2, 164-177.

Partala, T., Jokiniemi, M., & Surakka, V. (2000). Pupillary responses to emotionally provocative stimuli. En Proceedings of the 2000 Symposium on Eye Tracking Research and Applications (págs. 123-129). New York: ACM Press.

Seymour, T. L., Seifert, C. M., Shafto, M., & Mosmann, A. L. (2000). Using response time measures to assess “guilty knowledge”. Journal of Applied Psychology , 85, 30-37.

Siegle, G. J., Ichikawa, N., & Steinhauer, S. (2008). Blink before you think: blinks occur prior to and following cognitive load indexed by pupillary responses. Paychophysiology , 45, 679-687.

Tecce, J. J. (1992). Psychology, Physiology and Experimental Psychology. New York: McGraw-Hill.
Vendemina, J., Buzan, R. F., & Green, E. P. (2005). Practice effects, workload, and reaction time in deception. American Journal of Psychology , 118, 413-429.

Vrij, A. (2008). Detecting lies and deceit. Pitfalls and opportunities (Second edition). Southern Gate, Chichester: Wiley.

Vrij, A., Leal, S., Granhag, P., Mann, S., Fisher, R. P., Hillman, J., y otros. (2009). Outsmarting the liars: the benefit of asking unanticipated questions. Law and Human Bahavior , 33, 159-166.

Vrij, A., Mann, S., Kristen, S., & Fisher, R. P. (2007). Cues to deception and ability to detect lies as a function of police interview styles. Law and Human Behavior , 31, 599-518.

Walczyk, J., Mahoney, K., Doverspike, D., & Griffith-Ross, D. (2009). Cognitive lie detection: response time and consistency of answers as cues to deception. Journal of Business and Psychology , 24, 33-49.

Walczyk, J., Roper, K., Seemann, E., & Humphrey, A. (2003). Cognitive mechanisms underlying lying to questions: response time as a cue to deception. Applied Cognitive Psychology , 17, 755-774.

sábado, 19 de septiembre de 2015

LO ÚLTIMO EN DETECCIÓN DE MENTIRAS PARA LA SEGURIDAD AEROPORTUARIA

Detectar mentiras es algo muy complejo ya que no existen indicios,  verbales o no verbales, totalmente confiables (Vrij, Granhag, & Mann, 2010). La mayoría de las investigaciones señalan que hay más éxito en la detección de mentiras cuando se analiza el contenido de lo dicho, esto es, cuando se tiene en cuenta el componente verbal, en lugar de las variables psicofisiológicas o el comportamiento no verbal. Pero a pesar de ello, arsenales de nuevos sistemas para tratar de filtrar a las personas con malas intenciones en los aeropuertos, sigue siendo objetivo primordial de los distintos gobiernos, máxime cuando la UE va a prohibir el uso de rayos X en las terminales de todos los aeropuertos. Veamos cuales son las últimas “tendencias” en este campo.

Los túneles de seguridad

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ha ideado un nuevo sistema a implantar en los aeropuertos, en un plazo de 5 o 7 años, para tratar de detectar a los viajeros con malas intenciones. Se trataría de distribuir a los pasajeros en tres grupos diferentes en base 3 niveles distintos de seguridad: usuarios habituales, riesgo normal y pasajeros de alto riesgo. Así, lo último en seguridad aeroportuaria consistiría en una serie de túneles de seguridad que los viajeros deberán atravesar. Estos túneles estarán equipados con rayos X, detectores de líquidos o metales y escáneres de iris. 


Los diferentes tipos de pasajes se distinguirán según colores de acuerdo con los tres niveles. De esta forma, las personas que viajen con regularidad y hayan dejado sus datos personales en un banco de antecedentes, serán reconocidas a partir de esa información, siendo  reconocidos como “pasajeros habituales” y pasando por el primer túnel (azul claro). Unas máquinas ubicadas en las paredes de dichos túneles escanearán a la persona y su equipaje en busca de objetos de metal y fluidos, mientras esta avanza por el mismo.


Los pasajeros calificados como “riesgo normal” pasarán por el segundo túnel (color morado). Además de ser escaneados ellos y su equipaje, como en el primer caso, se buscarán también restos de explosivos. Por último, el tercer túnel (color amarillo) irá destinado a viajeros de “alto riesgo”, por ejemplo, sospechosos y personas con antecedentes penales. En este caso el escaneo será más exhaustivo.

De esta forma se pretende que la privacidad de los pasajeros no se vea invadida. Aquellos que no oculten ninguna oscura intención sobre el propósito de su viaje atravesarán sin problemas el túnel de seguridad correspondiente.


El reconocimiento facial térmico

Como ya expuse en el apartado “termografía del rostro” de este mismo blog, la detección del engaño a través de la termografía del rostro se basa en el mismo principio que el polígrafo, es decir, en que  mentir produce signos fisiológicos de estrés.


Un estudio del año 2002, publicado en la revista Nature, mostraba que ante situaciones en las que un sujeto realiza un esfuerzo mental (enfrentarse a tareas difíciles, al ser evaluado, al mentir o engañar), se producen cambios térmicos faciales, principalmente alrededor de los ojos (Pavlidis, Eberhart y Levine, 2002). 

Con posterioridad, se han ido llevando a cabo múltiples investigaciones en esta área. Así las investigaciones lideradas por el Profesor Hassan Ugail, un matemático e informático de la Universidad de Aberystwyth, en Gales. Dicho profesor es un verdadero líder en el campo de la computación visual y ha contribuido en gran medida al desarrollo del campo mediante la entrega con éxito de múltiples proyectos de investigación e innovación de alto perfil, así como de publicaciones y conferencias internacionales. Dichas investigaciones han permitido desarrollar un sistema con el cual se podrían analizar los rostros de las personas para detectar mentiras, en un contexto de entrevista.


Una cámara de imagen térmica, captaría las variaciones de la temperatura facial, en respuesta a ciertas preguntas. Las zonas alrededor del ojo (zona periorbital) y las mejillas son muy sensibles al aumento de temperatura. Por otra parte, una cámara común seguiría los gestos faciales cuadro por cuadro y operaría de manera conjunta con las imágenes térmicas; estas imágenes serían analizadas mediante las Unidades de Acción Facial, empleando el FACS (sistema para categorizar expresiones faciales establecido por los psicólogos estadounidenses Paul Ekman y Walter V. Friesen). La información sería recopilada e introducida en un ordenador donde un algoritmo matemático, creado especialmente, evaluaría la sinceridad o no del entrevistado.

La iniciativa se puso en marcha para intentar desvelar si las personas que llegan a un  país están dando un relato verdadero de sí mismos. El sistema podría ser utilizado durante las entrevistas en la aduana y en el control de pasaportes y desvelar la veracidad o falsedad de los relatos mediante un reconocimiento facial térmico.


El sistema habría sido probado con una treintena de sujetos, con una tasa de éxito de dos de cada tres, lo que no parece que suponga muchas ventajas respecto a otros métodos ya existentes. Investigadores como Aldert Vrij, profesor de psicología social aplicada de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido), mantienen que las imágenes térmicas por sí mismas no son útiles para detectar engaño. En un artículo, publicado en 2011 en la revista Law and Human Behavior (Ley y comportamiento humano), Vrij y sus colegas concluyeron que es poco probable que las imágenes térmicas sean efectivas en la mejora de la seguridad aeroportuaria. En su estudio, aplicado a 51 pasajeros en un aeropuerto internacional no revelado, encontraron que las imágenes térmicas "clasificará como mentirosos a pasajeros que no lo son, quienes estarían ansiosos por razones ajenas al engaño". Vrij mantiene que el supuesto de que los mentirosos son más nerviosos que los que dicen la verdad es incorrecto y que aunque una máquina pueda ser exacta en medir el nerviosismo, eso no significa que alguien mienta.

El rastreo del móvil

En Finlandia se ha puesto en marcha el sistema de Helsinki-Vantaa Airport, el cual permite rastrear el movimiento de los pasajeros a lo largo del aeropuerto, mediante el bluetooth. Este sistema se basa en el seguimiento de aquellos pasajeros que puedan parecer sospechosos a través de sus teléfonos móviles. Parece ser que por ahora este sistema solo se ofrece a los pasajeros para conocer el tiempo de espera estimado en las diferentes filas de la puerta de seguridad, de embarque o de facturación.




La tecnología de este sistema ha sido desarrollada por Amor Grupo. El sistema podría seguir a cualquier pasajero por toda la terminal y, al tiempo, se podría utilizar la información para crear perfiles de pasajeros que detallaran el comportamiento de dichos individuos.

Especialistas en comportamiento infiltrados entre los pasajeros

En Estados Unidos, lo que a simple vista pudiera parecer una simple conversación, sin interés especial alguno, podría resultar ser un interrogatorio encubierto en toda regla. Grupos de Oficiales de Detección de Comportamiento (BDOs) serían los encargados de entablar conversación con aquellos individuos sobre los que recae cierta desconfianza sobre el motivo de su viaje.


Dicho sistema habría sido respaldado por la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA). Según la TSA el objetivo principal de estos agentes sería el de estimular y detectar las reacciones involuntarias físicas y fisiológicas que la gente muestra cuando tiene miedo de ser descubierta.  Parece ser que el sistema ya estaría implantado en  161 aeropuertos de Estados Unidos. La  misión de estos funcionarios consistiría en descubrir intenciones ocultas entablando conversación con los sospechosos pero basándose en su propio instinto a la vista de esas reacciones físicas y fisiológicas involuntarias.

Perros rastreadores clonados

En el 2005, el profesor Lee Byeong-chun logró una nueva raza de perros superrastreadores que fueron empleados en al aeropuerto de Incheon, en Corea del Sur. Parece ser que el siguiente clon de Lee será un perro de alto rendimiento dotado de una mayor capacidad para detectar la presencia de enfermedades en los seres humanos.




TRABAJOS CITADOS:

- Lee, B. C., Kim, M. K., Jang, G., Oh, H. J., Yuda, F., Kim, H. J. & Hwang, W. S. (2005). Dogs cloned from adult somatic cells. Nature, 436(7051), 641-641.

- Pavlidis, I., Eberhardt, N. L., & Levine, J. A. (2002). Human behaviour: Seeing through the face of deception. Nature, 415(6867), 35-35.


- Vrij, A., Granhag, A. & Mann, S. (2010). Good Liars. The Journal of Psychiatry & Law, No. 38, 77-98.

-Warmelink, L., Vrij, A., Mann, S., Leal, S., Forrester, D., & Fisher, RP (2011). La termografía como una herramienta de detección de mentiras en los aeropuertos. Ley y el comportamiento humano, 35 (1), 40-48.

jueves, 17 de septiembre de 2015

EL BOLÍGRAFO ELECTRÓNICO QUE DETECTA MENTIRAS

Investigadores israelíes diseñaron en el 2010 un nuevo sistema de Evaluación Caligráfica Computorizada (COMPET), capaz de analizar si alguien está declarando la verdad. Según una investigación realizada por la Facultad de Asuntos Sociales y Salud de la universidad de Haifa, cuando una persona miente su caligrafía experimenta un cambio significativo, imperceptible para el ojo el humano pero fácilmente analizable por un ordenador.



*Imagen obtenida del artículo de Luria, G., & Rosenblum, S. (2010).

El consistió en analizar los textos de 34 individuos a los que se les pidió describir dos hechos relacionados con su vida: uno completamente verdadero y el otro inventado.  Los voluntarios que participaron en la investigación realizaron sendas redacciones con un bolígrafo electrónico, sobre una hoja de papel colocada encima de una tabla también electrónica. Los datos recogidos por ambos instrumentos fueron analizados por un programa de ordenador que medía variables como la presión ejercida sobre la hoja, el ritmo y velocidad de la escritura,  el número de veces que el bolígrafo perdía contacto con la hoja, el tamaño de la letra y el grosor del trazado.

Se encontraron diferencias en la presión media, medidas espaciales (longitud media de la carrera y la media de altura de elevación), pero no se encontraron diferencias en las medidas temporales y en el número de velocidades máximas.

Según los investigadores Gil Luria y Sara Rosenblum (2010)  la presión que ejerce una persona al escribir sobre una hoja cuando está mintiendo, sería considerablemente mayor que cuando dice la verdad y lo mismo ocurriría con los intervalos en la escritura del texto. También afirman que el tamaño de la letra y el grosor del trazado serían más grandes cuando la persona miente.

El estudio se basa en la carga cognitiva que se produce durante el engaño. Los enfoques cognitivos que explican la detección de mentiras asumen que codificar un mensaje engañoso requiere un esfuerzo cognitivo mayor que decir la verdad, debido a las demandas de capacidad de procesamiento más altas (Miller y Stiff, 1993; Sporer y Schwandt, 2006; Sporer y Zander, 2001; Vrij, 2008; Zuckerman et al., 1981), particularmente cuando la mentira implica un informe acerca de un evento complejo (Sporer y Zander, 2.001). Los modelos teóricos que se concentran en los aspectos cognitivos de engaño justifican una complejidad cognitiva superior que participan en la mentira a través de una variedad de conceptos, como superior "carga cognitiva” (Vrij, 2008), mayor necesidad de uso de la memoria de trabajo (Baddeley, 2000) , y de la memoria autobiográfica (Brewer, 1996).

Al igual que en la comunicación verbal, la comunicación de mentiras por escrito también requeriría un mayor esfuerzo cognitivo y se basaría menos en el procesamiento automático.

Los investigadores del estudio sostienen que al mentir las actividades que son generalmente automáticas, pasan un proceso de mayor control por el cerebro y de ahí que la actividad se altere, ya que cuando se comunica un mensaje falso la escritura requiere unos recursos cognitivos mucho mayores (sobrecarga cognitiva), de forma que una acción automática como es escribir se vería perturbada.

TRABAJOS CITADOS

-          Baddeley, A. D. (2000). The episodic buffer: A new component of working memory? Trends in Cognitive Sciences, 4, 417–423.

-          Brewer, W. F. (1996). What is recollective memory?. In D. C. Rubin (Ed.), Remembering our past: Studies in autbiographical memory (pp. 19–66). New York: Cambridge University Press.

-          Luria, G., & Rosenblum, S. (2010). Comparing the handwriting behaviours of true and false writing with computerized handwriting measures. Applied Cognitive Psychology, 24(8), 1115-1128.
Disponible en:

-          Miller, G., & Stiff, J. (1993). Deceptive communication. Newbury Park, CA: Sage Publications, Inc.

-          Sporer, S. L., & Schwandt, B. (2006). Paraverbal indicators of deception: A metaanalytic synthesis. Applied Cognitive Psychology, 20, 421–446.

-          Sporer, SL, y Zander, J. (2001). Nonverbal cues to detection: Do motivation and preparation make a difference? Paper presented in the 11th European Conference on Psychology and Law, Lisbon, Portugal.

-          Vrij, A. (2008). Detecting lies and deceit: Pitfalls and opportunities (2nd ed.) Chichester: JohnWiley and Sons.

-          Zuckerman, M., Koestner, R., & Driver, R. (1981). Beliefs about cues associated with deception. Journal of Nonverbal Behavior, 6, 105–114.

jueves, 27 de marzo de 2014

LA “PRUEBA DE LA P300” EN EL CASO DE MIGUEL CARCAÑO

En estos días se está levantando mucha polémica, por un lado, sobre la capacidad del potencial P300 para revelar si una persona reconoce determinada información y, por otro, sobre la vulneración de derechos fundamentales al aplicar esta prueba.

Respecto al supuesto de violación del derecho a la intimidad, en diversas publicaciones se dice literalmente  que “la prueba conocida como método potencial de evocación cognitiva, consiste en un análisis neurofisiológico de las respuestas sensoriales e internas, captadas mediante electrodos, que da el cerebro a diferentes estímulos como imágenes, frases y sonidos.   Se trata de una prueba, en el caso que nos ocupa, adoptada sin la voluntad del imputado,  supone una injerencia en el ámbito del derecho a la intimidad consagrado en el artículo 18 de nuestra norma mormarum". Esta afirmación carece de fundamento ya que la aplicación de dicha prueba requiere el consentimiento y, además, la colaboración por parte del sujeto (es absolutamente necesario prestar atención a los estímulos que aparecen, como explicaré más adelante).

Otros titulares aparecidos en los últimos días hacen referencia a que “el portavoz nacional de Jueces para la Democracia, Joaquim Bosch, ha considerado que la prueba de 'Potencial Evocado Cognitivo P300' o 'test de la verdad' puede vulnerar derechos "fundamentales" como el derecho a no declarar contra uno mismo de una persona imputada o su derecho a la intimidad, dado que se accede a sus recuerdos a través de este análisis”. A este respecto lo primero que se me ocurre es preguntarme si el que me tomen mis huellas dactilares, o una muestra de ADN, también vulnera ese derecho a la intimidad y, por otra parte, hasta qué punto el que se constate que para mi cerebro un estímulo resulta significativo es acceder a mis recuerdos (yo creo señor Bosch que son cosas diferentes).

Quizás por donde tendrían que venir los argumentos para reivindicar la necesidad de proteger los derechos humanos deberían ser por la falta de validez científica consensuada. Esta técnica adolece de un protocolo consensuado a la hora de aplicarla y sigue sin haber unanimidad sobre su de fiabilidad. Así los resultados obtenidos en diversas investigaciones varían enormemente en fiabilidad dependiendo del análisis utilizado: Lauwrance Farwell[1] habla de tasas de detección de culpables próximas al 90% (quien curiosamente posee un método patentado para su uso comercial, el conocido  Brain fingerprinting), Rosenfeld[2] del orden del 82% (uno de los primeros occidentales en publicar investigaciones sobre la P300 en el año 2002) y otros investigadores como Metens[3] hablan de porcentajes del orden del 47% (lo que estaría por debajo del azar).

Por si fuera poco, esas tasas de fiabilidad disminuyen si se durante la realización de la prueba el sujeto lleva a cabo algún tipo de contramedidas (por motivos deontológicos no me parece oportuno citar aquí cuales pueden ser esas contramedidas); también se pueden producir falsos positivos (considerar a alguien culpable siendo inocente) ya que recordemos que esta prueba da resultados positivos ante estímulos significativos para el sujeto y también ante estímulos novedosos (la selección de estímulos adecuados es fundamental como veremos); además se pueden inducir falsos recuerdos al sujeto según las preguntas planteadas y la información facilitada momentos previos al interrogatorio; por otra parte es difícil tener garantías de que la información incluida en los estímulos de sondeo solo sea conocida por el culpable; y también sabemos que cuanto más tiempo transcurra entre el evento y la prueba la fiabilidad de la misma disminuye[4].



Por otra parte en estos días diversos “expertos” en el ámbito de la medicina no han hecho más que enturbiar o mezclar aspectos referentes a esta prueba, y son muy pocos los que tienen claro que para su correcta aplicación hay que seguir estrictamente un determinado protocolo (no dudo que así lo está haciendo el equipo liderado por el neurólogo y neurofisiólogo clínico José Ramón Valdizán).

Pero, por todo ello, ¿debemos descartar esta prueba en casos como el de Miguel Carcaño? Mi opinión es que NO, y que todas las tecnologías que puedan arrojar algo de luz a este caso bienvenidas sean (pensemos en los familiares de Marta del Castillo).

Como últimamente (a través del formulario de uno de mis blogs) he recibido solicitudes de información sobre esta prueba, voy a tratar de plasmar aquí los puntos que considero más relevantes. Vayamos poco a poco.

Los potenciales evocados son respuestas eléctricas del sistema nervioso producto de la aplicación de un estímulo. El potencial eléctrico que se registra consiste en una secuencia de ondas, ligadas temporalmente al estímulo que las provoca, por lo que cada una de ellas posee una latencia, amplitud y polaridad específica. El potencial evocado supone, por tanto, una modificación del potencial eléctrico en el sistema nervioso en respuesta a una estimulación externa (por un estímulo auditivo, visual, mecánico o eléctrico) o a un evento interno como una actividad cognitiva (atención, la preparación motora, etc.) y se puede detectar a través de técnicas como la electroencefalografía (EEG) o la electromiografía (EMG). En relación con el órgano sensorial estimulado hablaríamos de Potenciales Evocados Visuales (PEV), Potenciales Evocados Auditivos (PEA), Potenciales Evocados Somatosensoriales (PESS) y Potenciales Evocados Motores. Por otra parte estarían los Potenciales relacionados con eventos (ERP) y entre ellos los Potenciales Evocados Cognitivos P300 (otros serían los VCN  y los MMN).

La “prueba de la P300” se obtiene a través de un EEG y mide la actividad eléctrica del cerebro cuando un individuo se expone a un estímulo (visual, auditivo, etc.). Para ello se utiliza un casco provisto de una serie de electrodos y el sujeto debe concentrarse en una pantalla donde aparecen ciertas imágenes, palabras y/o sonidos. Las señales recogidas por los electrodos son amplificadas y presentadas en un monitor.

La tasa de precisión de esta prueba aumenta cuando se hace uso junto al protocolo GKT (Guilty Knowlwdge Test) o Test de Conocimiento Culpable. Diversos estudios sobre la efectividad de la onda P300 empleando la prueba de conocimiento culpable muestran niveles altos de exactitud en la clasificación de los sujetos como culpables o inocentes (Rosenfeld, Angell, Johnson y Qian, 1991)[5]. Esta prueba tiene una base teórica sólida y se basa en el reflejo de orientación ya tratado por investigadores como Paulov y Sokolov (Paulov, 1927; Sokolov, 1963). Digamos que la prueba de conocimiento culpable conlleva una forma de interrogatorio presentándole al sujeto cada pregunta con un formato de respuesta múltiple. Cada pregunta hará relación a un único detalle del crimen y todas las alternativas que se presenten deben ser igualmente plausibles, pero sólo una de ellas se referirá al delito tal y como ocurrió.

A la hora de diseñar esta prueba hay que ir alternando 3 tipos de preguntas distintas (irrelevante, relevante y pregunta control que para esta prueba suelen denominarse estímulos neutros, estímulos sonda y estímulos “target” o “diana”). Lo fundamental a la hora de diseñar los distintos estímulos es tener claro qué  detalles conoce la persona que ha cometido el delito y que no pueden conocer las personas inocentes (importante al diseñar la prueba tener en cuenta qué informaciones se han filtrado por la prensa, internet o televisión).

Veamos los detalles referentes a los 3 tipos de estímulos:

-         Los estímulos neutros (o irrelevantes) son palabras e imágenes irrelevantes que ayudan a establecer la línea base desde la que poner a prueba las diferentes reacciones. Son los estímulos de control para que no haya ninguna respuesta P300 (palabras, frases o fotos irrelevantes para la persona; que no tengan que ver con el delito; que no signifiquen nada para el sujeto; cosas que no conoce; cosas que no le resultan relevantes). Estos estímulos proporcionan una media respecto a la información que no conoce. Para asegurarse que el sujeto no reconozca estos estímulos el mejor método es inventárselos y teniendo en cuenta que no deben resultar novedosos o llamativos (formaran entre el 70 y el 80% de los estímulos a presentar).

-         Los estímulos sonda o de sondeo contienen información relevante sobre el crimen, pero que el sujeto no tiene forma de conocer a menos que lo haya presenciado. Es la información correspondiente al crimen que solamente es posible que conozca el autor de los hechos. Estos datos hay que extraerlos del informe policial (constituirán entre el 10-15% de los estímulos) y se espera que sólo activarán una P300 precisamente los sujetos culpables. Este grupo de estímulos constituiría los estímulos experimentales.

-         Los estímulos diana (targets o blancos) contienen información que sabemos que el sujeto conoce; datos sobre el delito de los que le hemos informado, o de los que tiene constancia por otra fuente (informaciones sobre el crimen que han aparecido en prensa o en otros medios); datos que sabemos que conoce sin duda alguna. El objetivo de los estímulos diana es provocar una respuesta cerebral que indica que no hay anomalías en el cerebro (deterioro cognitivo, etc.) y que conoce esos datos. Estos datos se le deben proporcionar al sujeto justo antes de someterse a la prueba. Estos estímulos activarán una P300 durante la prueba tanto en sujetos culpables como inocentes. (la proporción de este tipo de estímulos varia entre el 10 y el 15%). Este grupo de estímulos constituiría los estímulos de control para una respuesta positiva.

Como esta prueba requiere que el sujeto preste atención a los estímulos, y para mantener la concentración, se les pide a los sujetos que aprieten un botón cada vez que aparece un estímulo. Por ejemplo, deben apretar el botón izquierdo cuando aparece un “blanco” (las palabras que previamente han tenido que memorizar); para todos los demás estímulos deben apretar el botón derecho (irrelevantes y de sondeo). El propio ratón del ordenador puede servir configurando el programa correspondiente.

Por otra parte todos los estímulos han de ser vistos en varias ocasiones a lo largo de la prueba (blancos, irrelevantes y de sondeo) llegándole a mostrar entre 2000 y 3000 estímulos. Primero se miden las respuestas cada una de las veces en que aparece el estímulo y luego se hace una media de los voltajes aparecidos como respuesta a los mismos estímulos.

También es relevante decir que la señal eléctrica P300 está fuera del control consciente (dato importante ante casos de psicópatas, sociópatas y similares).

En algunos casos interesa sustituir el interrogatorio GKT estándar –que pregunta por el conocimiento de un hecho- por una versión propuesta por Bradley y sus colaboradores (Bradley y Warfield, 1984; Bradley y Rettinger, 1992). En esta modificación, GAT (Guilty Actions Test), las preguntas que se le hacen al sujeto son sobre acciones supuestamente cometidas por él. Esta prueba es más adecuada en determinados casos, como por ejemplo cuando el grupo de inocentes posee información sobre el crimen (las personas pertenecientes al grupo de inocentes con información, no mentían cuando contestaban las preguntas del interrogatorio, aunque sí conocían la respuesta “correcta”).

Estoy seguro que el personal especializado del Grupo de Análisis de Conducta de la Policía Judicial y el equipo que está llevando a cabo esta prueba, conocen perfectamente las posibilidades y limitaciones de la misma. La prueba no va a arrojar certeza absoluta (e incluso aunque así fuera, si el cadáver fue arrojado por ejemplo a un río, no habría garantías de localizarlo), pero podría dar pistas para retomar la búsqueda y, como muy bien declaró en su día el doctor Valdizán, esta prueba puede servir para acotar la búsqueda: “para buscar” y “para descartar” donde no hacerlo. Estoy seguro que las Fuerzas de Seguridad del Estado (Policía y Guardia Civil) tienen suficiente información útil para confeccionar todo el protocolo que proporcione mayor fiabilidad a la prueba. Dejemosles trabajar.


(*)Si estás interesado en saber más sobre los prolegómenos de esta prueba, puedes descargarte mi artículo "La neurociencia al servicio de la seguridad nacional. La prueba de la P300".


[1] Farwell, L.A.,& Donchin, E. (1991). The truth will out: Interrogative polygraphy (“lie detection”) with event-related brain potentials. Psychophysiology, 28(5), 531-547
[2] Rosenfeld, J.P., Soskins, M., Bosh, G., & Ryan, A. (2004). Simple, effective countermeasures to P300-based tests of detection of concealed information. Psychophysiology, 41, 205-219.
[3] Mertens, R.,& Allen, J.J.B. (2008). The role of psychophysiology in forensic assessments: Deception detection, ERPs, and virtual reality mock crime scenarios. Psychophysiology, 45, 286-298
[4] Polich, J. (2007). Updating P300: An integrative theory of P3a and P3b. Clinical Neurophysiology, 118, 2128-2148.
[5] Rosenfeld, P. J., Angell, A., Johnson, M. M., & J. Qian (1991). An ERP-based, control-question lie detector analog: Algorithms for discriminating effects within individuals’ average waveforms. Psychophysiology, 28, 319–335.